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Por qué salgo a correr

Un poco pesadetes vais a pensar que somos algunos con tanto kilómetro recorrido, tanta carrera finalizada y tanto buen ambiente. Sí, reconozco que lo del running puede cansar a algunos tanto como la palabra emprendedor. También leí no hace mucho que a todos nos recomiendan hacer deporte, pero que deberían recomendar leer en la misma medida, nada más cierto.

Soy de madrugar. Me levanto a las 5.45 y a las 6 ya estoy con las zapatillas puestas y lista para hacer algunos kilómetros con Runkeeper y Spotify de fondo. Entre semana le dedico una hora, que me da para hacer unos 9 km cuando estoy en la mejor forma. Los sábados o domingos aprovecho que tengo más tiempo para alargar la distancia, por el momento el máximo han sido 20 km.

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¿Cómo he llegado hasta aquí? Desde que nacieron mis dos hijos había abandonado el deporte, que antes hacía con bastante frecuencia, y habían vuelto a aparecer los dolores de espalda y esa sensación tan desagradable que tienes cuando, al hacer el mínimo esfuerzo físico, sientes que todo el cuerpo cruje. Me decanté por salir a correr por tres motivos muy claros:

1) Falta de tiempo: salir a correr es cómodo. Basta con ponerte la ropa de deporte, calzarte las bambas y salir de casa. No dependes de ningún horario y puedes salir allí donde estés.

2) Pocas ganas de encerrarme y pagar un gimnasio: bastantes horas paso en un lugar cerrado trabajando, así que tenía ganas de poder hacer algo al aire libre.

3) El boom del running: todo el mundo me decía que correr enganchaba mucho, así que probé. No os contaré cómo me fui adaptando poco a poco, eso lo explica de maravilla Carlos Sánchez en este post. Si alguien no sabe muy bien cómo es, le pica la curiosidad o está tentado de empezar le recomiendo leerlo porque es exactamente tal como lo cuenta.

¿Qué me ha aportado? 

  • Disfrutar del aire libre y de la tranquilidad de las primeras horas del día.
  • Disminuir el estrés: bienestar físico y mental, y se nota de lejos.
  • Empezar el día con energía y de buen humor. Correr durante una hora de buena mañana te da el empujón para seguir toda la jornada a buen ritmo.
  • Mejorar la dieta. Siempre acostumbro a comer mejor cuando hago deporte.
  • Valorar la constancia. Es básico para ir progresando intentar que los entrenamientos no se espacien demasiado. Lo más duro es que cuesta mucho ponerse en forma y, a la que falla la constancia, el rendimiento cae en picado. De ahí que llevar un ritmo constante sea clave.
  • La satisfacción de terminar una carrera. La ilusión de ir a buscar tu primer dorsal y primera camiseta. Sentir nervios la noche antes de la carrera, sin saber muy bien por qué. Hacer todo el recorrido y que los aplausos de gente anónima te animen. Llegar a la meta y encontrarte con los abrazos de tu familia y con una sonrisa enorme por la alegría de haber terminado. Acaba siendo una motivación más.
  • Aceptar, por mucho que cueste, que hay veces que no se puede. Tenía previsto correr mi primer medio maratón este febrero y no ha podido ser. Es difícil renunciar a un objetivo así cuando precisamente algunos meses antes llevaba un buen ritmo de entrenamiento y había llegado a recorrer 20 km, pero luego vino un bajón de energía, una falta de constancia, y no me vi con las fuerzas suficientes y el entrenamiento necesario. Hay veces que los límites aparecen y tenemos que aceptarlos. Es una espina clavada. Espero sacármela en el 2014.

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La pasión de un aventurero

El pasado 28 de septiembre asistí al pase del documental 2.304.400 pasos sobre la expedición al Polo Sur de Albert Bosch, dirigido por Joan Riedweg. Los que me conocen saben que me encanta la montaña y que acostumbro a seguir las expediciones de los aventureros que tenemos más cerca. Tenía muchas ganas de ver cómo había transcurrido esa aventura, lo que no me imaginaba es que esa sería una tarde llena de lecciones y grandes descubrimientos.

La primera sorpresa fue el documental. Albert inició la expedición junto con Carles Gel, quien  tuvo que abandonar por problemas físicos, y decidió seguir la travesía en solitario. Bastante tenía con tirar del trineo para ir avanzando e intentar mantener el ánimo  como para ir filmando él solo. El resultado: pocas imágenes y un gran esfuerzo de Joan para montar el documental. No soy ni de lejos experta en medios audiovisuales, pero me pareció sensacional, tanto el montaje como el contenido. Esa mezcla de epopeya, de momentos muy duros como la despedida de su compañero para seguir en solitario, como pasar la Navidad en medio de la nada, lejos de la familia, unido a un sentido del humor y una fortaleza mental envidiables, tanto o incluso más que su condición física. A medida que el documental avanza vas dándote cuenta de que Albert es de aquellas personas a las que nunca te cansarías de escuchar.

Y así se confirmó después durante el coloquio. Quedé totalmente fascinada por la pasión que siente por todo lo que hace, por cómo la transmite con cada una de sus palabras y sus gestos, por su capacidad de hablar durante largo rato sin que sobre nada de lo que expresa. Quedé atraída por ese optimismo, entusiasmo, humor, por sus lecciones vitales y su implicación al 100% en cualquier proyecto en el que se embarca, sea del tipo que sea.

Es un escalador de la vida. Bibiana Ballbè no lo podía describir mejor en esta entrevista.

“Se trata de disfrutar durante el camino porque los retos, las aventuras, algunas veces los alcanzas y otras no.” Albert Bosch